Por Desirée Estrada

Hace ya un rato que pienso que no tengo tiempo a pesar de tenerlo todo.
Y es que no sé si podré terminar siquiera la idea principal. ¡Creo que ni siquiera existe una… o existen todas!

Verás, creo que lo que uno piensa, hace, aprende y conoce, se transmite y se recibe de formas muy distintas, yo si creo que somos entes de perspectiva.
Nuestra forma de mirar situaciones cambia justamente dependiendo de la perspectiva que decidas tener esa ocasión.

Porque por ejemplo: las matemáticas. Siempre serán del paso A, al paso B, al paso C y así sucesivamente hasta llegar al mismo resultado una y otra vez, eso a algunos nos parecerá de lo más aburrido, pero para otros este sería el suceso más fascinante.

En fin, me dispongo a contarte ahora por qué es que siento que no tengo tiempo, a pesar de tenerlo todo.

Resulta que tengo una rigurosa rutina que debo seguir al pie del cañón, no puedo fallarle, no puedo y ya está decidido.

Esto sucede diario excepto sábados y domingos.

En estos días sí que cambia la cosa porque al tratar de descifrar la habilidad de dividirme en tres para lograr completar mis múltiples tareas (semanales y de fines de semana), las situaciones básicas como el “convivir” con mis congéneres me exigen invertir más trabajo y tiempo de lo que esperaría.

Yo no pretendo ser una malagradecida con lo que tengo, ni quejarme para darle honor a mi nuevo título de millennial, simplemente escribo a manera de reflexión porque justo ahora tengo una serie de minutos que quiero aprovechar para intentar explicar mi situación con el tiempo.

Tal vez porque me siento ociosa y resulta que escribir se ha convertido en mi vicio…

¿Acaso a esto uno le podría llamar vicio? La escritura quiero decir.

Y es que me gusta tanto inmiscuirme en temas subjetivos como el tiempo y desviarme una y otra vez de la intención original, sólo porque sí, que pasan los días y solo consigo llegar a la conclusión de que tengo memoria de chorlito… Resumo: en efecto, tengo la prisa del mundo por descansar, pero no quiero hacerlo ahora porque corro y quiero gastarme hasta la última gota de mi tiempo, para mirar atrás y decirme a mí misma: “Valió la pena…”

“Seamos el tiempo que tenemos”, alguna vez escuché a alguien decirlo, y sentí que era para mi.