Árbol que crece torcido, jamás su rama endereza

Por Ligia Angulo

Árbol que nace torcido jamás su rama endereza

Un árbol es juzgado por su forma. Sin embargo, lo importante son las nuevas ramas y hojas que de él brotan.

Imaginemos que todos somos árboles que desde que son pequeños arbustos son juzgados por las cosas que dicen, hacen, piensan, imaginan y hasta usan, y las personas que ayudaron a que la semilla germinara sean los primeros en decir que está torcido, poniéndole dos palitos para que crezca derecho.

Algo así somos nosotros al crecer con nuestros padres, hasta que te das cuenta que la vida te hizo torcido y que nunca te vas a enderezar.

Pero la pregunta es ¿por qué te tienes que enderezar?

Si eres feliz con quien eres, con lo que haces, con lo que dices, con lo que usas, no tendrías por qué tratar de hacer felices a personas que no van a vivir con nuestro tronco.

¿Por qué nadie se fija en la belleza de nuestro tronco retorcido o en nuestras nuevas ramas llenas de hojas verdes y coloridas? Fácil: porque la sociedad tiene una mente tan cerrada que a veces el cambio les asusta al igual que les asusta lo diferente.

El cambio es una parte importante de nuestro tronco torcido: gracias a él aprendimos tanto cosas buenas como malas; sin él seríamos simplemente unos árboles llenos de miedo, sin defectos y con millones de hojas marchitas.

Entonces ¿por qué le tenemos tato miedo al cambio? Por el simple hecho de querer huir de lo nuevo y lo conocido para entrar a un nuevo mundo que tal vez ni siquiera imaginábamos. Un cambio de escuela, de país, de casa, de amor, de carrera, de pensamiento o hasta de sexo, es un cambio de vida que siempre hará diferente a nuestro tronco del de todos los demás.

La parte que nunca entenderé es por qué a la gente le afecta tanto el cambio.

Y claro, la respuesta siempre será …el miedo, pues nunca nadie se acostumbra al cambio; estamos diseñados en la conformidad y en una supuesta “felicidad”.

Creo que todos deberíamos de estar orgullosos de nuestros troncos torcidos en los que siempre nacen ramas igual de torcidas pero con muchas hojas que demuestran nuestra belleza y nuestros logros.

Ningún árbol torcido debe sentirse avergonzado de no ser perfecto o de tener ramas chuecas; por el contrario, debería sentirse orgulloso de ser un árbol completamente diferente y único con defectos, que se aventuró al mundo de los cambios inesperados y que dejó crecer sus ramas llenas de frondosas hojas.