Cría cuervos y te sacarán los ojos

Mi madre nos enseñó que todo lo que teníamos en casa era esfuerzo de cada uno de los miembros de la familia, al parecer no sólo el que mi padre trajera el dinero a casa era suficiente, nosotros como estudiantes también contribuíamos a echar buenas raíces a la casa y no sólo eso; pequeñas cosas como ser respetuosos, amables y ayudar con labores de la casa también eran un grano de arena. 

“Trabajen para conseguir un buen futuro y sobretodo sean agradecidos con lo que se les da”, el pan de cada día que nos decía mi madre y algo que no entendía a mis 14 años puesto que observaba a niños de la misma edad que yo que hacían todo lo contrario a mi en sus casas; en lugar de ayudar con pequeñas tareas del hogar, sus padres los dejaban salir a jugar y divertirse mientras otra persona se encargaba de todo ello; cuando les iba mal en el colegio sus padres los excusaban diciendo que seguramente había sido culpa de algún profesor, cuando en mi lugar me esperaba una tarde de regaños y más tareas y así en muchos otros aspectos de la vida cotidiana otros parecían tener privilegios de los cuales yo carecía, lo que muchas veces me hizo preguntarme si mis padres realmente me querían o sólo estábamos para cumplir tareas.

Todos aquellos pensamientos de confusión un día se aclararon cuando uno de esos niños privilegiados faltó a clases porque su padre estaba en el hospital debido a un desmayo que al parecer no era el primero que tenía el señor, con estudios le diagnosticaron una de esas enfermedades que no tiene remedio y tiende a ser crónica, lo que, a pesar de ser una familia con buenos recursos, era un golpe grande para ellos, excepto para el hijo quien en vez de preocuparse por su padre tenía temor por aquello que pasaría con tantos planes de viajes que tenían planeados en las vacaciones, que ingrato.

La lucha de su familia duró hasta que entramos a la universidad y contrario a lo que todos pensaban, su hijo comenzó a ser insolente no sólo con su familia sino con todos quienes lo rodeaban, ofendiéndose cada vez que se le extendía la mano en su asunto familiar; yo, sin ser insensible, mantuve mi distancia observando todo lo que sucedía y en mi cabeza sólo resonaba cada palabra de mi madre acerca de la gratitud y lo que se siembra en casa mas aquello que siempre se quedó grabado fue “cría cuervos y te sacarán los ojos”. 

Gracias mamá y papá por aquellos “privilegios” que nos quitaron desde pequeños.