Sarajevo, canción y tormento

Las melodías disonantes de Sarajevo Songs Of Woe.

Algo hemos roto, adentro, lo sabemos intuitivamente, pero no podemos comprobarlo porque nuestros ojos están hacia fuera. Algo se ha lastimado profundamente en nuestro interior humano, pero seguimos viviendo, como si vivir fuese una demostración de que las roturas no nos afectan.

Nos aliamos a ideas y a personas que conviven en paz con el cinismo, que logran contar una historia coherente minimizando el sentimiento humano, haciendo invisibles las emociones. Pero seguimos rotos, es irrenunciable. Regresa por las noches, o en los primeros momentos del día, en la madrugada, en el despertar. Ese sentimiento.

Huimos, pero la melodía nos alcanza, son canciones. Canciones que interpreta nuestra memoria emocional en el vacío. Canciones que quieren, que necesitan, ser oídas. Por unos oídos amurallados, por una existencia amurallada, por el dolor infinito que nos hace conscientes: la guerra.

El ejército Serbio instigó una guerra interétnica en la descompuesta Yugoslavia, un territorio que en sí ya era un crisol dónde se fundían las culturas católicas, ortodoxas y musulmanas, bajo una parca burocracia soviética. ¿Qué podría salir mal allí?

Desde sus primeras experiencias, en los intentos del socialismo soviético para construir un comunismo, se soslayaron los problemas culturales bajo los paradigmas estructurales de la economía y la lucha de clases.

Se soslayó, también, el rol del individuo en el desarrollo de un colectivismo moderno. Los nuevos sujetos sociales del siglo pasado quedaron alienados entre el desarrollo de su propia individualidad y la pertenencia a una identidad colectiva. Una identidad colectiva que el paternal Mariscal Tito podía encarnar, como un sacerdote, aunque sólo hasta su muerte. Lo que vino después reflejó la incapacidad, como individuos y como comunidad, de comprender la diversidad, la convivencia humana, de abarcarla en nuestro interior. La guerra.

Algo hemos roto, adentro ¿No es lo que nos pasa hoy? Cuando el personaje de la tercer pieza que Fred Kelemen nos presenta en Sarajevo Songs Of Woe, Blue Rondo For Survivors, practica mecánicamente su oración ortodoxa, y se encomienda finalmente al ícono de Jesús, ese Jesús desgastado le devuelve una mirada inquisidora sobre la que se mezclan cantos ortodoxos, y la tradicional azalá musulmana. La oración musulmana, que baja en forma de canción desde los minaretes de Sarajevo, es parte de estas tristes canciones que angustian a Kelemen: el reclamo de un genocidio.

En las calles de Sarajevo los perros no parecen sentir culpa. A ellos les toca lidiar con la proximidad de los seres humanos, pero no con su historia moral o política ¿Quizá los lobos puedan dormir mejor que los humanos? ¿La preñez de la loba es el futuro del hombre?

Asistimos a la belleza de Sarajevo, sin dudas hay belleza. Pero ella sólo puede ser apreciada desde la mirada de un amor inválido. Ese es nuestro marco, la distancia, y la condena. En Blue Ballad For Lovers la amante escogida por el sensible personaje de un cinefotógrafo, no puede caminar. El joven recorre las calles con su cámara captando escenas que la luz dibuja sobre la ciudad, para que luego su amante pueda verlas en la TV. Imágenes de una ciudad que no puede recorrer.

La ciudad es mucho más hermosa en el marco de la TV, en la presencia distante de las emociones, el dolor es un bastidor sobre el que se proyecta la representación, sin tocarlo plenamente, pero sintiendo su presencia enorme.

Algo hemos roto, adentro, lo sabemos intuitivamente, pero no podemos comprobarlo porque nuestros ojos están hacia fuera. En Sarajevo Songs Of Woe tenemos la oportunidad de descubrir, en nuestros oídos, aquellas canciones que nos conectan con nuestra humanidad perdida ¿Las resistiremos?

Facundo Torrieri
www.bunuelos.com.mx
aguilasalmon@gmail.com
BLACKCANVAS FCC, 2018

Sarajevo Songs of Woe

Dir. Fred Kelemen
Alemania – Bosnia Herzegovina | 2016 | DCP | B&W | 140 min |