Nuestra locura

Por Pablo Orube

Dir. Joao Viana

 

Sin tener un afán catastrofista los hechos políticos, económicos, sociales e incluso climáticos que con preocupante persistencia se acumulan en los noticieros nos pueden dar indicio de que el final de algo se aproxima, posiblemente no el “Final” en sí pero cuando menos es la decadencia de un modelo o de una realidad que considerábamos sólida e inamovible. Cuando la idea de progreso de la mano de la globalización y el libre comercio se derrumbó hacia finales de la década anterior, los viejos fantasmas que se creían conjurados regresaron no para clamar venganza sino para dejarnos claro que nunca más debemos abrazar una utopía que nos separe de nuestra humanidad y de nuestra conexión con el planeta. A veces los acontecimientos se suceden con más rapidez que nuestra capacidad para entenderlos y dimensionarlos y, de improviso, ya estamos inmersos en una realidad que nos desconcierta, casi onírica.

 

De igual forma Viana, el director, elige para transitar por Mozambique el registro surrealista, donde no es la literalidad de los signos sino la apertura de los símbolos quien nos desvela el otro rostro del sueño/pesadilla africano. La realidad es vulnerada constantemente, puesta al límite para evidenciar su inoperancia, los sueños no son aquí una evasión, al contrario, son la sustancia que sostiene a lo que llamamos real. Lucy, la protagonista, se fuga de un hospital siquiátrico para ir en busca de su hijo y en su recorrido por la ciudad revela poco a poco cómo el horror y la belleza pueden cohabitar y ser el rostro de la vida y del ser humano. Zacaría, el hijo de Lucy, dialoga con su padre y manifiesta éste binomio fatal de la humanidad: “Tu y yo siempre jugamos éste juego de atracción y repulsión como opuestos”, dice Zacaría, “así es hijo, Dios y el Diablo, dos caras de la misma moneda” le contesta su padre; “la moneda universal, padre, te lleva al cielo y te envía al infierno” concluye el pequeño.

 

Pensar África, mejor aún, soñar con África como lo hace Viana a través de Lucy y los demás personajes es un motivo para reflexionar sobre los orígenes de la humanidad y hasta dónde la han llevado sus acciones, desde lo más excelso hasta la abyección de la guerra y el neoliberalismo. No hay que olvidar que Mozambique es la nación en cuya bandera figura el fusil de asalto AK-47, símbolo del fuego y la sangre que forjaron las naciones del continente negro. No es una coincidencia desde luego, porque en los sueños nada lo es, el hecho de que la protagonista se llame Lucy al igual que la mujer cuyos restos son considerados los más antiguos con que se cuenta del homo sapiens. Lucy, también refiere a la luz y el cine es luz como lo es igualmente la naturaleza del Diablo, Lucifer el portador de luz como un proyeccionista pero a la vez “el cine es la mirada de Dios” dice Pak el padre. El cine descompone y destruye la realidad, sirve a diversos intereses y juzga y condena culturas y sociedades enteras pero también eleva la conciencia, genera alternativas de vida, es la chispa que incendia lo que se ha rigidizado, no se equivoca quien lo repele pero tampoco quien lo abraza.

Las mujeres son las creadoras de la cultura, ellas construyeron el relato que llamamos tradición, identidad, leyenda y de su mano, como de la de Lucy, podremos transitar por el infierno y encontrar el camino a casa.

Nuestra Locura
Our Madness
Dir. João Viana

Alemania | 2018 | DCP | Color | 13 min |