And I shall hear, though soft your tread above me,
And then my grave will warmer, sweeter be,
For you will bend and tell me that you love me,
And I shall sleep in peace until you come to me.

Danny Boy (Canción popular irlandesa)

El padre ha partido, su poderosa claridad, su fuerza para distinguir qué es luminoso y qué es oscuro. La guerra, sin un padre, es apenas violencia.

Buscamos en la lógica de las consignas, en la lógica de la justicia, en el sufrimiento de un pueblo: razones para continuar la lucha. Razones para no asumir al opresor. Razones para confiar en otra persona. Razones para estar seguros de nosotros mismos. Razones para estructurar una narración. Razones para continuar vivos.

Pero el padre se ha ido, remontó vuelo con la caída del siglo XX, con la caída de las instituciones patriarcales, con el fracaso normativo del positivismo. La más ardiente quimera humana todavía arde, aquí muy cerca, podemos sentir su calor, pero no podemos recuperarla. La voz de ese padre que podía ordenar la lucha, que le daba un sentido autoritario a nuestra vida, se ha extinguido rápidamente.

Irlanda, al igual que otros pueblos, fue prisionera de una antigua historia de resistencia ante los invasores, se ha forjado en ella. Origen de vigorosos obreros y obreras, forzados a migrar por el hambre y la inestabilidad, y a ser manos para hegemonías explotadoras, americanas, canadienses o británicas.

Allí, en la profundidad de su territorio, en el seno pobre de un país de piel blanca, el distinguido imperialismo inglés, remanente a la independencia de la mayoría de la isla de Irlanda en 1922, extendió un sistema de segregación cultural de la mano de los unionistas o lealistas a la Corona británica, que acabó por estallar en 1968. Se trató de una lucha compleja contra los privilegios que beneficiaban a las clases ricas protestantes y discriminaba a los obreros católicos. Allí, bajo el pie de la Gran Bretaña, el conflicto que pujaba por obtener los derechos de equidad más elementales, convergió en una lucha armada por Irlanda del Norte.

En La imagen que perdiste, Donal Foreman busca a su padre, un documentalista norteamericano de raíces irlandesas muy cercano al conflicto armado y al Irish Republican Army (IRA), Arthur MacCaig. No lo busca en el espacio, porque durante su ausencia siempre supo que podía ubicarlo en París, donde Arthur ha decidido permanecer luego de abandonar Belfast. Donal busca a su padre en el significado último de la lucha política y cultural.

Varios pasos más adelante Donal busca a su padre en el significado y la relevancia del cine político y activista, la herencia más poderosa que su padre le ha dejado.

Aunque, recorriendo toda su experiencia personal, Donal busca a su padre en el único rol que no ha sabido interpretar, el rol de ser padre.

Yo también he visto con mis propios ojos, abiertos por la adivinación materna, al niño, traumatizado de que me vaya, a pesar de su llamada precozmente esbozada en la voz y en lo sucesivo nunca más renovada durante meses enteros. Le he visto apoyar su cabeza en mis hombros para caer en el sueño, el sueño único capaz de devolverle el acceso al significante, que era yo desde la fecha del trauma. (J.Lacan, Il Seminario. Libro XI. Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, 1964).

Vivimos en una época dónde el arquetipo del padre parece haber muerto, aplastado por la soberbia de su propio arrojo. La valentía de nuestros padres, de sus causas y consignas, no les ha sido suficiente como para regresar, después de una autocrítica.

En su lugar aún tenemos el resabio necio y ciego de las instituciones patriarcales, que se abrazan patéticamente a un poder que no pueden controlar.

Si el hijo pudiese perdonar al padre, y el padre pudiese rescatar al hijo abandonado, quizá, alguna vez, aun después de la muerte, sería como en esta vieja canción irlandesa que parece describir una relación paterna:

Y te escucharé, por suaves que sean tus pasos,
Y toda mi tumba será más cálida, más dulce,
tú te inclinarás y me dirás que me amas
Y yo dormiré en paz, hasta que vengas a mi

Danny Boy (Canción popular irlandesa)

Facundo Torrieri
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