Los débiles

Dir. Raúl Rico y Eduardo Giralt Brun

 

Alejandro Jodorowski le mostró al mundo con “El Topo” que el western tenía registros más amplios y el género podía ser utilizado para contar cosas tan disímiles como la iniciación  mística o las fases del budismo zen. El acto le granjeó enemistades en el medio cultural mexicano que había transitado en aquellos años del cine de comedia ranchera a lo que después sería conocido como “chili western”, el simbolismo de la cinta pero sobre todo, el alarde que hizo de la misma, provocó que a la postre tuviera que salir del país. La década que siguió al estreno de la película vio el surgimiento de un viento de renovación en el cine mundial que, además, provenía de una reinterpretación de los géneros. En particular un subgénero que surgió en los sets de cinecittá alcanzó mayor influencia e incluso niveles estéticos para competir con el cine establecido y apreciado por la crítica, éste fue el “espagueti western”.

 

El “espagueti western” opuso a los grandes paisajes de Ford o Hawks la geografía facial de los personajes, el rostro como unidad narrativa. Las palabras son reducidas al mínimo, el protagonista es todo presencia, no hay discursos patrioteros o morales a lo John Wayne, sólo la monosilábica gesticulación de Clint Eastwood. En “Los débiles” Rico y Giralt, sus creadores, hacen una actualización del subgénero en medio del salvaje noroeste mexicano. Victor “el picachú” es el pistolero solitario que busca sino la venganza, al menos la retribución por una afrenta que se le ha hecho, la muerte de su perro a manos de un pandillero de trece años. Mientras sigue su rastro conoce un abanico de personajes estrambóticos, fenómenos en esta feria de los horrores que es el norte del país. En un gesto consciente de lo absurda que puede parecer la situación de Victor los directores ponen en la voz del dueño del deshuesadero las siguientes palabras: “con tanto levantado que hay, no debería estar triste por un perro” y es verdad, durante su recorrido, encuentra de frente o como telón de fondo reportes sobre las múltiples muertes que se dan constantemente en la región; sin embargo, Victor, sigue en su empeño y los intentos por disuadirlo caen en oídos sordos.

 

El contraste con sus rivales es sólo aparente, porque Victor no es un adulto, es un niño que ha crecido, probablemente un antiguo miembro de la banda, esos que llaman “la liga de la sierra” y que visten uniformes de beisbolista, él mismo porta en lugar de sombrero una gorra de los LA Dodgers. El encuentro final se da en una isla cerca de la costa de Mazatlán, para hacer un cruce más con otro referente cinematográfico y literario como lo es “El señor de las moscas” de Golding, esa fábula admonitoria a la que puede arrojarse la humanidad cuando alienta las trompetas del belicismo. Ante la ausencia de adultos los niños replican con incrementado salvajismo las conductas de sus mayores.

 

Los débiles” es un western mexicano, apocalíptico si se me apresura, que indica el derrumbe de un orden, con dosis de humor sin caer en el cinismo. Cuando ocurra el Armagedón o el cataclismo final que nos borre del horizonte, se levantarán los débiles y lo primero que harán será lanzar la pelota.