Por Pablo Orube

Dir. Salomé Lamas

 

De todos los posibles escenarios futuros que la ciencia ficción ha ofrecido a la humanidad el de Philip K. Dick es, sino el más acertado, sí el más inquietante, porque lejos de apoyar sus proyecciones en los logros de la tecnología o en el avance de la ciencia, centró el canon en el cambio de nuestra percepción. Se adelantó a lo que hoy es lenguaje común como la realidad virtual o términos como “tiempo real” o “inteligencia artificial” y en una época como la que vivimos donde privan las “fake news” y se habla de la era de la “postverdad”, su obra es más actual que nunca. Sobre todo porque un motivo recurrente de sus novelas era la de presentar a un sujeto o un grupo de personas que por un hecho aleatorio descubrían que lo que concebían como real era sólo una construcción artificial, una ilusión. Poblaciones enteras viviendo bajo tierra para huir de la radiación que dejó la guerra en la superficie, se dan cuenta que arriba todo está perfecto y que los han engañado o que la Segunda Guerra Mundial no la ganaron los aliados sino las potencias del Eje.

 

Algo muy parecido es la sensación que transmite “Extinción”, que hace un peregrinaje por los territorios de una nación “virtual”; es decir, está ahí pero no existe. Transnistria es una anomalía que sólo puede entenderse a la luz de lo que fue la Unión Soviética cuyo poder y extensión territorial representaban la mayor amenaza del mundo “libre” durante el siglo XX. Al desintegrarse, las regiones que la conformaban entraron en un proceso de transición hacia la independencia o hacia la integración con Rusia. Transnistria optó por la guerra y entró en una zona de penumbra diplomática que hasta la fecha la tiene sumida en una existencia “virtual”, flanqueada por Ucrania y Moldavia, con una bandera, una moneda y gobierno propios pero que no son oficialmente reconocidos. Nuestro guía por esta región anómala es Nicolai “Kolya” Krovchenco, que aunque no viste un traje especial parece un cosmonauta que explora el lado oscuro de la luna. Junto a las ruinas y las edificaciones de lo que fue el antiguo imperio soviético escucha las historias, los ecos de aquellos que vivieron bajo el régimen caído, de gente que, como los personajes de Dick, descubrió un día que había vivido una mentira y atestiguó la disolución de la realidad.

 

El blanco y negro de la cinta, va muy acorde con el paisaje y con los relatos, es una película más oral que visual, porque, ahora, a casi treinta años de su desmantelamiento, la URSS es una leyenda, terrorífica o patriótica según se prefiera, para las nuevas generaciones que transitan lo que fue su territorio, Kolya, es uno de ellos, tiene 24 años no conoció lo que era ser soviético en su casa no se habla de esos tiempos y tampoco se cuestiona la incómoda situación subordinada que padece su país al estar en medio del conflicto de intereses entre Ucrania y Rusia. Uno de los logros más grandes que consumó el régimen fue abolir la realidad, aunque el imperio se resquebrajaba por todos lados nadie lo notaba, se negaban a verlo. Como lo había anunciado desde el inicio Piatakov, colaborador de Lenin, “un auténtico Bolchevique está dispuesto, silo exige el partido, a creer que el negro es blanco y el blanco negro” y esa visión persistió de manera inconsciente en los rusos y en las nuevas generaciones. Kolya corta el diálogo cuando se le interroga sobre la situación actual de Transnistria y su relación con Rusia, no hay punto de encuentro, para él la realidad que vive no corresponde a la realidad que llega desde el exterior. Su historia es una advertencia para los países del mundo “libre”, no porque nos podría pasar lo mismo sino porque no nos hemos dado cuenta que ya ocurrió, la vida “virtual” en la que estamos cada vez más inmersos gracias a la tecnología nos lleva a negar la existencia de lo que tenemos frente a nuestros ojos, a apostar por el individualismo egoísta e ignorar al otro, a sustituir el diálogo por el chat y la exposición de ideas por el twit.

 

“Extinción” es una cinta necesaria, porque da lugar a la palabra y usa al cine para potenciarla. Además, nos recuerda que cuando la realidad desaparezca (se extinga) lo único que quedará serán las historias y el silencio.

 

Extinción
Extinction
Dir. Salomé Lamas

Portugal – Alemania | 2018 | DCP | B&N | 80 min |

 

Jueves 23 | Cinemex Insurgentes | Sala 5 | 22:15hrs

Viernes 24 | Cinemex Reforma Casa de Arte | 16:00hrs