Por Aarón Barrios

¿Cuántas veces en la vida no hemos querido escuchar que nos digan? “Lo que más quiero en este mundo, eso eres” La mayoría hemos permanecido una o múltiples veces en ese estado de enamoramiento profundo, crédulos del amor romántico y de los distintos aspectos que están relacionados con el cine y la televisión. En mi particular experiencia, viví varios años creyendo que esta era la solución más directa para tener una relación “normal”; poder despertar en las mañanas y tener la oportunidad de decir: “Cuando despierto lo primero, eso eres. Lo que a mi vida le hace falta si no vienes”.

Pasaron aproximadamente ocho años en los que cargué con estos constructos y curiosamente todo funcionaba de la misma forma. Relaciones con jerarquías, dónde yo tenía poco qué decir debido a mi inexperiencia. Desde que tengo memoria fui un tanto precoz y pocas veces sentía atracción por personas de mi edad o más chicas. Al final, así como muchos mi vida continuó y fui creciendo, entablando relaciones con la esperanza de que algo de que todo ello funcionaría, si no era la relación en curso, quizá la experiencia me enseñaría a perfilar aquello que quería encontrar.

Hasta que un día, tuve una propuesta romántica de un chico bastante peculiar. Fue distinta a todas las otras que había recibido. Nos conocíamos porque éramos vecinos de la misma calle, nos habíamos visto varias veces donde cruzamos un par de palabras y unas cuantas sonrisas. Un día salí temprano del trabajo y llovía como si el cielo fuese a despegarse; nos topamos en el metro. Los dos estábamos empapados, me enseño esos lindos dientes de conejo: -¡Vecino! Ya estas todo empapado.- Me reí, con la cara enrojecida por la pregunta y contesté –Pues… creo que fuimos a nadar al mismo río.- Acto seguido echamos a reír, me dio su número y me invito a tomar té a su casa esa tarde. Llegue a mí hogar, cambie la ropa mojada y decidí ir a la cita. Mientras tomábamos el té cuestionó un par cosas acerca de mí, ya que me había visto infinidad de veces por la calle y al contarme acerca de él supe que se encontraba en una relación y que vivía con su pareja. En ese instante di de paso al enamoramiento y acepté que tenía un nuevo amigo. Salimos distintas veces, conocí a su novio, al menos dos veces a la semana hacíamos de cenar en su casa o bebíamos café. En una de esas cenas, el vecino me dijo un poco serio que tenía que hablar conmigo y me confesó estar enamorado de mí. Ya había platicado con su pareja y habían llegado al acuerdo de pedirme que me uniera a su relación. En ese preciso momento me fui de espaldas: escasamente tenía veintitrés años, me dijeron que lo pensara y en cuanto me sintiera cómodo y tranquilo con la decisión se los hiciera saber. Jamás había hecho planes de tener una relación poli amorosa, debido a que ello no se encontraba en lo que había aprendido con mis padres o las parejas que me rodeaban; me sentía muy atraído por mi vecino, por su pareja no tanto, pero la habíamos pasado bien. Al final decidí decir que sí. Probamos un mes y no me sentía tan atraído por la pareja del vecino así que decidimos tener una relación abierta consensuada. Yo tenía una relación de pareja con el vecino en consenso con su compañero de vida y había veces en que compartíamos tiempo los tres. Estuvimos seis meses en amor libre y la situación me rebasó por mucho, así que decidí dejar la relación. Me quedé con bastantes preguntas sin ser respondidas y poco a poco busqué información y me contacté con personas que compartían esta idea del amor libre y la anarquía relacional.

Después de varios años de aprender e informarme acerca estos movimientos y seguir con el estándar de relaciones, he llegado a una conclusión, el sentimiento de amor es nuestra propia responsabilidad y depende de nosotros ser felices, no de que llegue una persona y cargue con toda esa labor. Podría hacer una queja acerca de lo dañados que estamos y porque ahora nadie quiere comprometerse, pero no es la misión de hoy. Hoy solo quiero mostrarles un poco de lo que he aprendido y que existen diversas formas de amar. Todas son válidas siempre y cuando el respeto, la comunicación y el amor sean base de las mismas. Así como diversos son los colores, diversas son las posibilidades en las que nos relacionamos. Así que si en algún punto de tu vida, sentiste amor por más de un persona, no estás en soledad caminando por esta tierra, habemos personas que sentimos eso por más de una persona, eso sí, esto puede suceder en diferentes intensidades, así que no te sientas mal por los prejuicios sociales.

Hoy sé que quiero compartir, estoy consciente de que las personas tienen formas peculiares de amar, no hay una regla general. Soy un enamorado del amor y parte de mi vida se rige por el; la pasión y la libertad son valores que quiero vivir día a día. Así que cualquier persona que desee compartir su amor conmigo es bienvenida, de mi tendrá, respeto, comunicación y horizontalidad (equidad) ya que he comprendido que las personas nos aman en la forma en la que les es posible, es difícil que alguien nos quiera en la forma en la que queremos que nos quieran. Sí te encuentras en esa relación, felicidades, cuídala y respétala.
Hoy por mi parte, decido decir:

Lo que por ti he esperado, eso eres.

Lo que yo amo en este mundo, eso eres.

Cada minuto en lo que pienso, eso eres.

Lo que más cuido en este mundo, eso eres.