Por Pablo Jofré López

  En la frontera entre Bélgica y Holanda se halla el pueblo de Doel, ubicado al costado de un puerto industrial y una planta nuclear ha debido soportar desde 1960 los intentos del gobierno flamenco por arrasarlo, pues almacenar más containers trasciende a las tradiciones comunitarias en el mundo actual. La escuela, las tiendas y la iglesia han cerrado y la mayoría de las casas han sido demolidas o abandonadas, convirtiendo al lugar en un pueblo fantasma para exploradores, músicos, motoqueros y vándalos entre otros visitantes, pero también hay unos pocos habitantes que mantienen una vida tranquila de la que no quieren desprenderse, por lo que se unen para defender Doel hasta el final.

En este primer documental del danés Frederik Sølberg, el retrato intimista de los pobladores de Doel y sus relaciones fraternas son registradas de una forma contemplativa y poética, dejando que las cosas ocurran frente a la cámara que reflexiona profundamente en el significado de tener un hogar, y la amenaza de perderlo ante el progreso que no quiere detenerse. Ahora bien, más allá del aspecto político de este enfrentamiento, que de todas formas está presente en la obra, es el sentido de pertenencia el analizados por Sølberg, no sólo aquel que nos entrega el haber nacido y crecido en cierto pedazo de tierra, sino también la identidad que nos dan las tradiciones, el folklore y los imaginarios compartidos por las diferentes colectividades de humanos en el mundo.

Estas diversas identificaciones desafían al intento de ordenar el mundo en identidades puras y oposiciones simples, viendo la revaloración y desvalorización de las culturas locales en la globalización no como un enfrentamiento con el mundo posmoderno, que golpea al pueblo y sus habitantes de diversas maneras a lo largo del film. El camión de turistas se vuelve la metáfora de ese movimiento estancado, de ser a la vez piezas de museo, pintorescos representantes de tiempos más simples, y habitantes del mundo actual conectado no solo físicamente sino también culturalmente. Los lugareños lo saben, lo aceptan, pero no siempre lo comparten, a regañadientes ven su pueblo ser invadido a diario más también se regocijan en la camaradería con el forastero. Es una microhistoria que expone una forma particular de felicidad y paz inencontrable en aglomeraciones de millones de personas, mas también exhibe a la lucha horizontal a los humanos de cualquier rincón de la tierra.

 

DOEL
Dir. Frederick Sølber

Dinamarca – Bélgica | 2018 | DCP | Color | 70 min |

 

 

Miércoles 22 | Cinema IFAL | 20:00hrs

Viernes 24 | Cineteca Nacional | Sala 10 | 19:30hrs