¿De qué me sirve la vida?

(…Si solo escucho Camila)

Por Aarón Rodríguez

En los últimos 30 años, la música se ha hecho más triste. De acuerdo con un estudio británico que analizó más de 500 mil canciones liberadas entre 1985 y 2015, las letras y el ritmo o sonido de la mayoría de los temas, lleva a los escuchas a un estado de tristeza, soledad y depresión, y por ende, se registran menos niveles de felicidad. Y no sólo eso: también las canciones han dejado de ser “masculinas” para dar paso a una revelación “femenina”. Pero, ¿qué significa esto?

Adolfo Hitler, líder de la Alemania Nazi de la primera mitad del siglo XX, decía que las masas eran femeninas; es decir, dramáticas. Esta condición las hacía manipulables y las llevaba, de acuerdo con un hombre que llevó con base en la violencia su sistema fascista a una gran parte de Europa, a un punto en que podía convencerlas de cualquier cosa.
Nota: de ahí el dramatismo en cada uno de los discursos del dictador…

Ahora bien, ¿qué tiene que ver Hitler con la música pop y la tristeza que genera desde hace tres décadas? La respuesta, por más extraña que parezca, es la banda mexicana Camila y su repertorio de canciones, sobre todo el track “De qué me sirve la vida” del disco Dejarte de amar de 2010.

Dentro de sus líneas, se escucha la suave voz de Mario Domm y Samo repitiendo una y otra vez la pregunta “¿de qué me sirve la vida?” ante la partida de un amor que, al parecer, se ve obligado a salir de su vida por razones desconocidas que, al mismo tiempo, llevan a nuestros protagonistas a perder la esperanza y vivir de los recuerdos:

“De qué me sirve la vida si no la vivo contigo”, dice acompañado de una guitarra. E insiste con “De qué me sirve la esperanza si es lo ultimo que muere y sin ti ya la he perdido” para terminar un coro que se repite una y otra vez por si alguien tenía dudas.

Como mencionamos en un principio, la música se ha hecho más triste. “De qué me sirve la vida” es la mayor prueba de que sí, efectivamente, se hace más triste al grado de cuestionar su existencia y, de paso, sumergir a los escuchas en una atmósfera confusa y depresiva que, independientemente del dramatismo y la supuesta feminidad de la música y letra, podría ser más grave de lo que parece.

De acuerdo con el INEGI, con base en datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) liberados en 2017, los suicidios han ido a la alza al registrar –al año y por sexo– en una tasa de entre 100 mil hombres y 100 mil mujeres, 8.5 y dos casos de suicidio, respectivamente. Las causas, por supuesto, varían de acuerdo a los factores sociales, culturales, psicológicos y biológicos de las víctimas; sin embargo, las razones más destacadas son el consumo de sustancias, violencia, depresión y sensaciones de pérdida.

“Por más que supliqué, ‘no me abandones’, dijiste no soy yo, es el destino. Y entonces entendí que aunque te amaba, tenía que elegir otro camino. ¿De qué me sirve la vida?”.

Los estudios sobre la música y la construcción de la identidad no son una novedad. Este tipo de arte, actualmente juega un papel importante dentro de la vida de las personas desde distintas perspectivas, sobre todo como una forma de comunicación –siempre sujeta a interpretación– que da la oportunidad de compartir desde un lado, emociones; y del otro, la oportunidad de darle un nombre a las experiencias personales como nos construyen.

Las pérdidas, no necesariamente de una pareja amorosa sino de cualquier persona o cosa, forman parte de esa identidad que construimos y las canciones pop de amor y devastación, también contribuyen a eso, a un desarrollo de la identidad individual que, en muchas ocasiones, se traduce en aislamiento. Escuchar música es una actividad individual, pero sobre todo social, pues lo hacemos acompañados de personas.

Lo que nos lleva a un punto todavía más frágil en donde la soledad y la depresión, nos hunden en un ritmo a nivel colectivo de cuestionar la existencia. La pregunta obligada es: ¿debemos dejar de escuchar este tipo de canciones? Por supuesto que no. ¿Camila y sus canciones tristes son recomendables en momentos de separación y pérdida? Tampoco, pero no se puede evitar que las estaciones de radio y programas de televisión, obedeciendo a un estado de negocios, las pongan en todas partes, ¿cierto?