Cada beso

 (Un amor de taquería)

Por Ligia Angulo

Tenía 18 años y escondía un secreto que me daba pena revelar…no había dado mi primer beso. Así es, no había sentido esa magia de rozar mis labios contra otros y eso me avergonzaba al grado de contar historias imaginarias de aquel momento.

Pero un día en una noche de copas conocí a la persona que llegaría a cambiar eso.

Puedo decir que ese primer beso no fue lo que buscaba ni lo que esperaba. El alcohol circulaba por nuestras venas, la musica retumbaba en nuestros oídos pero algo que puedo decir es que al hablar con el sentía que no existía nadie más.

Yo no estaba preparada para aquel momento y él no se imaginaba que lo que estaba a punto de hacer me cambiaria por completo y que en un suspiro se llevaría todo lo que fui. Sentir sus labios contra los míos con su mano en mi cintura, con música de fondo y gente que nunca conocí a nuestro alrededor, fue una de las mejores sensaciones que pude experimentar.

Un beso con un completo desconocido hizo que mi cabeza diera vueltas por un mes sin parar, con una solicitud de amistad sin aceptar y con ganas de volverlo a besar.

Pasaron cuatro largos meses en los que hablábamos de vez en cuando pero nunca nos veíamos, simplemente existíamos.

Era Halloween y yo tenía una fiesta y como cada viernes hablábamos para saber donde estaríamos y que haríamos. Tal vez nos veríamos pero, como siempre, nunca acordábamos nada.

Una vez más en una noche de fiesta, el alcohol corría por nuestras venas y, como es normal, necesitaba algo de cenar. Llegué a una taquería con mis amigos, salí a respirar un poco de aire fresco y fue ahí donde volteé a la izquierda y lo vi aproximándose a mí. Nos saludamos, nos reímos y después de una breve plática nos besamos una vez más.

Yo no me quería ir con mis amigos así que el ofreció llevarme a mi casa.

Y así en el coche y en sus labios se volvió a detener el tiempo. Para mi fue un beso eterno que valió cada segundo de nuestros labios juntos .

Con unos besos sabor a tacos tuve para darme cuenta que sus besos me hacían sentir diferente y que cuando lo besaba no existía nadie más.

Dos veces más lo volví a ver de la misma manera que aquella noche, en aquella taquería, con la única diferencia de que no tuve el privilegio de volver a besar esos labios que hacían que mi vida se detuviera aunque sea por unos segundos.

Pero algo que se desde aquel primer beso es que desde que el entró en mi vida no creo en la casualidad…

¿Lo volveré a ver?…No lo sé

¿Lo volveré a besar?…Quizá.

¿Me casaré con él? Puede ser.

Pero algo que si sé, es que aunque se acabe el mundo, colgada de una estrella lo amaré…