Si no te tengo a ti

(Un rojo que me pone nervioso)

Por Diego Francisco Cruz

Los colores siempre han sido una manera perfecta de expresarnos, de crear cosas y destruir otras tantas; pero principalmente solemos usarlos para darle sentido y forma a cierto tipo de sentimientos. Es parte de nuestra costumbre buscarle un porqué a todo, darle significado a todo lo que nos rodea o simplemente explicar algo que sentimos pero no sabemos cómo expresarlo.
A lo largo de los años siempre he tenido dos colores favoritos, el negro y el naranja. Pero el último mes me he enamorado (me enamoré) del rojo, un color tan emblemático y popular entre las personas y que se distingue del resto por el hecho de que lo relacionamos con el corazón y el amor, con la pasión y el deseo, con las llamas que nos inspiran a hacer lo impensable.
El rojo siempre ha estado presente en mi vida como en la de cualquier otro: visto con cosas rojas, pinto usando el rojo, compro cosas con rojo, pero esta vez el caso es distinto, este amor por el rojo va más allá de lo material y, como podría esperarse, va conectado con un sentimiento llamado amor el cual se va haciendo más grande y evidente conforme pasan los días.
Hay un rojo en mi vida que últimamente me hace soñar despierto, un rojo que cuando lo veo me hace sentir que estoy admirando el amanecer más hermoso, un rojo que me pone nervioso, que me hace temblar y me deja sin aliento. Es curioso porque este sentimiento surgió de la nada, fue como un big bang que explotó dentro de mí y creó todo un universo dónde todo gira alrededor de esa figura que por las noches me quita el sueño, ese amanecer tan intenso, esa representación física la cual se ha vuelto un deseo violento y yo un hombre en fuego, un fuego rojo.