Rosas

Por Brenda Torres

Sí. Todos hemos tenido una pareja que nos hace crear expectativas de la realidad que no son sanas y que, cuando todo termina nos deja con el “corazón roto” esperando, como dice la canción, con la carita empapada que llegara con rosas… porque no importa si es tonto, a nosotros nos gusta.

Pero déjame decirte algo: fue el amor romántico el que nos legó como sociedad sus características (libertad para elegir a la pareja, una relación que sea monogámica, heterosexual, orientada a la procreación y bendecida por la Iglesia y el Estado). Sí, estás pensando lo correcto: la pareja es un pacto de convivencia, un contrato económico y social que se hace en la etapa reproductiva y que resulta fundamental para el mantenimiento del patriarcado.

No. No me tomen como una “feminazi” sino como alguien que va a retomar las palabras del escritor inglés D.H Lawrence, quien expuso ante el mundo lo que llamó “egoísmo a dúo” y que describió como la dependencia, búsqueda de seguridad, necesidad del otro, renuncia a la interdependencia personal y ausencia de libertad, acompañada de celos y rutina.

“Y aún me parece mentira que se escape mi vida


Imaginando que vuelves a pasarte por aquí


Donde los viernes cada tarde, como siempre


La esperanza dice quieta, hoy quizás sí”

En la lucha por la supervivencia, es más duro caminar solo que acompañado, por lo que compartir la vida con alguien supone tener cerca a quien te valore y te considere especial y es en ese entendido que el amor romántico que nos han vendido no es lo que debería ser en nuestra realidad, en la que nadie da todo porque la pareja no es (ni debe ser) la única fuente de emociones positivas.

Dentro del “sistema patriarcal” se nos ha enseñado que las mujeres debemos ser cariñosas y reclamar un trato delicado y especial. Literalmente: que se nos proteja como a niñitas asustadas. En tanto, a los hombres se les enseñó a ser los protectores de una casal incondicional, comprensiva, atenta a sus necesidades y deseos pero, sobre todo, que refuerce su autoestima cuando salen a flote sus inseguridades.

¿Quieres otra prueba para saber que la idea de amor romántico es un instrumento de dominación y sumisión?

En la literatura existen cinco tipos de mujeres: las jovencitas puras y encantadoras que contraen matrimonio al final de la novela; las esposas resignadas o casadas adúlteras; las solteronas; las prostitutas y la mujer “nueva” (que ha dejado de ser un reflejo del varón y lucha por sus derechos).

Desde mi punto de vista, el amor es una etapa en el “camino de la vida” y, específicamente para las feministas (como yo) se vuelve aun más importante nuestra individualidad que el mismo amor.

El “yo” se convierte en la fuente de inspiración romántica, lugar donde se crean los sueños, haciendo que el prototipo del sujeto romántico sea infantil, narcisista y una víctima; básicamente el protagonista de la historia de su vida.

Actualmente seguimos ejecutando ese patrón cursi, caprichoso y vulnerable.

“Pasaron seis meses y me dijiste adiós


Un placer coincidir en esta vida


Allí me quedé, en una mano el corazón


Y en la otra excusas que ni tú entendías”

La gente no nos pertenece, sólo nos acompaña en el camino un tiempo. Debemos entender que el “vacío” en nuestro interior debe llenarse con cosas nuevas, sin exigirle a nadie que lo haga; a disfrutar de la soledad; a repartir y compartir el amor del compañero; pero sobre todo a no enfocar el amor en una sola persona, sino ampliar las muestras de afecto para tener intercambios sanos de cariño y ayuda mutua.