Los Picapiedras (también tenían redes sociales)

No sé si me lo dijeron, me lo dije a mí misma o el estilo de vida de mi queridísimo Pedrito Sola me lo ha enseñado; el chisme es vida.

 

Digan todo lo que quieran, no hay nadie en este mundo que se resista a un buen “tengo algo que contarte” o, como se acostumbra con mi gente, “NO MAMES DE LO QUE ME ENTERÉ, TE VAS A MORIR”. (Los amo, gracias.)

 

La mayoría de nosotros, espero que no todos, no podemos pasar ni diez minutos sin nuestro celular o computadora. Siendo parcialmente crítica, también entiendo que es insoportable no estar conectado y checar cualquier tipo de información que haya posteado tu crush o tu tía. Sí, esa que comenta treinta veces lo que compartes.

 

Pero parece que nos hemos olvidado de la mejor manera conocida de enterarse del chisme que alimenta nuestros días: platicar cara a cara. Si alguien no sabe de lo que estoy hablando, no se preocupen. Les explicaré a continuación: es la manera en la que nuestros papás y abuelos se comunicaban entre ellos antes del WhatsApp. Es la versión de la vieja confiable para chismear, básicamente.

 

Desde tiempos de Vilma y Betty en Piedradura hasta hace unos buenos diez minutos que terminé la platiquita con un café al lado, la plática entre amigos, familia o cualquier otra persona ha sido el mejor chismógrafo de todos.

 

Teniendo tantas diferentes redes sociales, que si las historias de Instagram, los tweets ardidos, esas etiquetas en Facebook o para los que sepan qué y cómo utilizar Reddit, nada se compara con la emoción de poder expresar con 101 diferentes expresiones faciales e imitaciones de voz mientras ríes, lloras o sólo prestas atención sin perder un momento del cuento.

 

Y, no amigos, ni siquiera tiene que ser información nueva. Sentarse y estar con alguien que disfrutas tener cerca, tener una plática amena y divertida o simplemente pasar el rato con alguien que amas es uno de los mejores tratamientos para el alma que te pueden recetar.

 

¿Cuándo fue la última vez que te sentase con tu familia y platicaste anécdotas penosas disfrutando tanto que perdiste la noción del tiempo? ¿Esa última reunión con tus amigos en las que recordaban una semana loca y los buenos momentos que quedaron escritos en su historia? ¿Esos consejos que te saben a buena vibra y cariño cuando más los necesitas?

 

Disfrutemos de los buenos momentos, de la compañía y el amor que podemos darnos sin tener un teléfono entre nosotros. Seamos todos la mejor compañía para contar historias e idear nuevas experiencias mientras pasamos tiempo juntos. Aceptemos con orgullo lo bonito y necesario que es el chisme en nuestras vidas.

 

Pongamos de moda el hablar sin filtros y a ser tendencia sin hashtags.