La Sociedad de los Poetas Muertos (¡Oh capitan, my capitan!)

Poesía para el alma, una breve historia de amor, unas cuantas lágrimas y John Keating: esto es lo único que necesitas para empezar y aprovechar el momento.

 

Esta película no son sólo dos horas de estar sentado, son ciento veintiocho minutos de palabras que te saben a optimismo, a un amor desenfrenado por la literatura, a música cada vez que hablan de Thoreau o Whitman. Son minutos haciéndote querer buscar una cueva, juntarte con tus amigos y leer hasta el amanecer para disfrutar más la vida.

 

Sin duda alguna, es una de mis favoritas. Y, debo admitir que, soy de esas que terminan de verla y sienten que quieren coger todas las rosas mientras se pueda. Soy de esas personas que sienten que cada día es un inicio nuevo, que puede haber problemas que necesitan de una solución pero puedes intentar resolverlo con mucha mejor vibra y ánimo al día siguiente.

 

Después de un mal día, un mal mes, un mal año tal vez, tenemos la oportunidad de empezar con un cielo mucho más despejado. Siempre hay chance de voltear a ver lo que nos molesta, lo que hemos estado cargando y pensar cómo podemos cambiarlo. Hay cosas que nos persiguen porque no soltamos la correa, otras que están impregnadas como tatuaje y que podemos decorar con algunos colores para darle vida. ¿Qué tal si todos nos paráramos en nuestro escritorio y viéramos todo desde una perspectiva diferente?

 

Dejemos de interpretar papeles para otras personas, dejemos de tener pena cuando buscamos expresar lo que realmente queremos, vayamos corriendo a decirle a esa persona lo mucho que la apreciamos y no nos demos por vencidos hasta que lo entienda, salgámonos de nuestra zona segura para darnos una oportunidad y arriesgarnos.

 

Sea lo que sea, demostremos quiénes somos.

No dejemos que nuestro amor y alma sean los damnificados de cualquier batalla que podemos ganar.