La Guerra de los Mundos

Por Aarón Cortés

Cerramos los ojos, podía sentir su respiración en el rostro.
 Finalmente estaba pasando y yo me sentía tan nervioso que mis piernas temblaron al ritmo de mi corazón.

Todo era tan oscuro que nadie nos veía, ni siquiera las estrellas.
La sujeté contra mí lo más fuerte posible, en un efímero momento cinematográfico donde nos hicimos protagonistas.

Una guerra comenzó en nuestro interior. El primer encuentro de dos mundos con los labios, un fenómeno al que llaman “beso”. Me congeló con sus dedos entre mi pelo negándose a la retirada, estaba dispuesta a ganar sin importar lo que pasara.

Peleamos durante un siglo, aunque para los mortales sólo transcurrieron segundos. Establecimos una tregua con las manos y dimos un paseo por la nada, decidimos crear nuestro propio universo. Lúcido, perverso e imperfecto.