La conquista del honor (y las cartas desde Iwo Jima)

Por Germán Ortega (@Gobi3_1)

Era la segunda guerra mundial, en pleno 1945 cuando el imperio norteamericano decidió atacar la isla nipona de Iwo Jima. Dicho acontecimiento encomienda la Guerra del Pacífico, que provocó la posesión de dicha isla, y que posteriormente conllevó a los ataques nucleares en Hiroshima y Nagazaki, para así consumar la rendición japonesa.

Pero aquí viene la pregunta en cuanto a lo característico de este evento. ¿La cantidad de personas fallecidas? (casi 26 mil en aproximado), ¿el abrupto ataque norteamericano junto a los aliados?, ¿las consecuencias económicas y políticas de los involucrados? Cerca, aunque una simple imagen fue la que hizo dar la vuelta a todo el mundo.

La colocación de la bandera estadounidense en la cumbre del Monte Surabachi fue un acontecimiento de interés para el periodista Joe Rosenthal, que posteriormente su imagen de seis militares del país de las barras y las estrellas sosteniendo la bandera de su nación, se convertiría en uno de los máximos símbolos de guerra en la toda historia y que le hizo merecedor de un premio Pulitzer. Años más tarde, el gobierno estadounidense realizó un monumento en el estado de Virginia como un memorial de los marines caídos.

Y varias décadas transcurrieron para que el veterano y prolífico director, Clint Eastwood, decidiera hacer en sincronía dos largometrajes centrados en este acontecimiento bélico. Uno relatado desde la perspectiva estadounidense (La Conquista del Honor), y el narrado desde la vertiente del país asiático (Cartas a Iwo Jima); ambos con una tremenda recepción positiva por parte de la crítica, así como la nominación a diversos premios importantes dentro de la industria del cine y encabezando las listas de lo mejor del año. Dos cintas que encajan con el amplio archivo de películas de guerra, pero que relatan con la mayor cantidad de evidencias posibles sobre los acontecimientos norteamericanos en Japón en una de las épocas más turbias que la humanidad ha presenciado. Un auténtico pedazo de patriotismo norteamericano puro.