Juego de Gemelas (Separadas al nacer, unidas por distintas vidas)

Por Aarón Barrios

Miro a través del balcón, el gato se encuentra acomodado a mi lado. Observamos la calle, la gente, los pájaros; pequeños avechuchos que vagan por el aire cual hojas que se desprenden en otoño. Momo, la minina, se echa al suelo y entrecierra los ojos, preciosa y suave cual durazno. Respiro profundo mientras el sol me cobija llenándome del verano y la pienso.

Hace aproximadamente seis años, en fechas próximas al entretiempo nos conocimos… idénticas, liberales, pasionales, gustosas de nuevas experiencias. Recuerdo fue una celebración de primavera, ella estaba vestida de negro, lentes de cat eye y el cabello trenzado; justo compartíamos los alimentos, le pregunté si podía sentarme con ella, apenas esbozó una sonrisa y decidí sentarme. Comimos en silencio, no tenía intención de iniciar la conversación, existía algo que me hacía querer estar cerca. Levantamos la mirada y reímos. Comenzamos a charlar acerca de nuestros orígenes y el porqué estábamos ahí. Intercambiamos cuentas de Facebook y sin saberlo sellamos uno de los más grandes pactos existentes al enseñarnos el colmillo.

Lo primero que hicimos fue tomar el té después visitamos un lugar que tiene el mejor matcha con leche de arroz en la ciudad; tejimos, cocinamos, nos encontramos hermanadas por el cotidiano, por el detalle en los objetos, hacer todo con amor y una pizca de magia. Esta hermandad iba más allá de la sangre; conectadas en esta y múltiples vidas, las cuales habíamos caminado juntas, de la mano. Sólo en una ocasión nos hemos separado desde entonces, en ese momento nos supimos vulnerables, habíamos perdido a la hermana, la confidente, quien te alecciona con abrazos y verdades a sabiendas que esas palabras lastiman con mayor fuerza a la boca donde brotan que a los oídos que la acogen. Canción que era escuchada desprendía una lágrima cómplice del cariño que es añorado; olores y recuerdos furtivos atacando a la memoria, recordándonos que en ese instante nos encontrábamos distantes, sanando nuestros corazones pero, ¿cómo sana el corazón estando lejano de aquella persona que amas?, apartadas de aquella hermana que te protege en amor y congruencia. Con flores te llevaste mi tristeza, a tu lado creció nuestra ilusión, a ciegas nos entregamos, nos inventamos y en cada rincón nuestras canciones nos seguían. Poco a poco nos dijimos cuanto nos hacíamos falta, en silencio. Tiramos tanto de nuestro hilo rojo, que en un pestañeo estábamos reunidas otra vez, bailando en la misma fiesta nuestra canción.

Desde ahí prometimos no separarnos de nuevo, sabemos que nuestras vidas no serían iguales estando lejos de cada una, sin peinar nuestro cabello una vez cada tanto, compartiendo secretos, abrazadas de la vida, riendo con nuestras aventuras, amándonos con fulgor, alimentando ese bello lazo fraterno que nos dio la existencia. Suficiente el haber nacido en familias diferentes, con edades distintas pero al final gemelas en alma, hijas del universo.