Hoy ya me voy

Para ti:

 

No sé si fue hace años, meses, días o tal vez todavía no me cae bien el veinte, pero quise escribirte porque algo en mí me hace pensar que tengo que explicarte algunas cosas. No porque te deba una explicación, no porque sea “lo correcto”; simplemente, siento algo y tengo que asimilarlo de alguna manera.

 

Te quise. Puta madre, cómo te quise. Algunos podrían decir que “te amé”, no lo sé. Mi relación con ese sentimiento aún no sé cómo describirla, siempre ha sido difícil. Puede ser que soñaba contigo, que me imaginaba lo bonito que nos veríamos juntos y pasar el resto de mi vida a tu lado. Puede que me haya agarrado de sorpresa el sentir algo tan fuerte por alguien, que sintiera que mi vida mejoraba cuando te veía o hablaba contigo. Puede ser que, por miedo, nunca ví esta posibilidad. Aún teniéndote a mi lado, el tiempo que fuese, realmente esos demonios con los que cada uno cargamos a diario, me decían al oído “no te hagas esperanzas, todavía no sabes.” Puede ser que escuchara más a mis nervios que a la realidad, puede ser que me daba terror voltear y no tenerte a mi lado, puede ser por más de mil razones que no encuentro palabras para expresar.

 

Todos los momentos que vivimos juntos, que me sorprendieron, que tenía imaginados contigo, que esperaba con ansias a que pasaran, me hacían feliz; tan feliz. Ese tipo de felicidad que te hace sentir tan afortunado, que parece hacen a algunos tener envidia de ti, esa felicidad que saca las mejores sonrisas y sabes lo bien que estás. Esa felicidad que, por un momento, cuando dejaste de estar, sentí que nunca más volvería a vivirla.

 

De un momento a otro, ya no estabas. Discutimos, dejamos de hablar, tuvimos el peor “adiós” que alguien pudiera imaginar o, simplemente, dejamos de ser. Haya sido por lo que haya sido, ya no te tenía a mi lado. Y, me dolió. Puta madre, cómo me dolió. Tal vez nunca lo supiste, porque esa parte de mi vida la prefiero tener sólo para mí, tal vez te contaron cómo lloraba cuando algo me recordaba a ti o, tal vez, nadie nunca supo lo que sentía porque me costaba tanto hablar sobre ti.

 

¿Qué nos pasó? Esa fue la pregunta que rondaba por mi mente todo el tiempo, tratando de responder con más preguntas: ¿Te quería más que tú a mí? ¿Me querías más que yo a ti? ¿No me querías lo suficiente? ¿No te quise lo suficiente? O, simplemente, ¿esperábamos más de lo que podíamos dar? Lo único que nunca pensé preguntarme fue: ¿Me quise?

 

Sonaba absurdo. Puta madre, sonaba muy absurdo. Pensando en lo mucho que podría estar perdiendo la cabeza, lo entendí. Tal vez lo había entendido desde que terminó, tal vez sigo en el proceso de entenderlo o, tal vez, realmente nunca voy a querer aceptar y entenderlo.

 

Nuestro tiempo terminó, esa nube de ilusiones se la fue llevando el aire y nada ni nadie lo puede detener. Intenté, y vaya que lo intenté, quererte con todas mis fuerzas aunque ya no estabas; te tenía en este pedestal mágico en el que nunca pediste subirte. Eras magia y perfección a mis ojos aunque te equivocaras, probando que eres un ser humano. No había nadie que me pudiese cambiar de idea, hasta ahora.

 

Me fui perdiendo. Puta madre, ya no me encontraba. Ni siquiera estando frente al espejo, ni con mis amigos ni familia. No estaba y no entendía el por qué. Hasta que un día, de la nada, te pega. Por todo el cariño y aprecio que tuve, tengo o tendré por ti, me dejé por completo. Creía que al darte toda mi atención, sin importar lo que dejaba de lado, yo estaría bien. Creía que el tenerte a mi lado era lo que debía ser, aunque las cosas no terminaron encajando. Creía que la felicidad sólo la encontraría en ti, sin pensar ni un segundo en mí.

 

Por eso, te escribo esta carta. Mientras estamos tan ocupados esperando a controlar lo incontrolable, perdemos tiempo y cariño en nosotros mismos. Después de todo lo que me empeñé en hacer por tu cariño, es tiempo de pensar en mí. Tengo que poner las mismas ganas en entenderme, saberme y amarme. Sí, amarme. Creo que es necesario empezar a resolver mis conflictos al enamorarme de mí, antes de poder hacerlo con otra persona.

 

Espero que te vaya bien en tu vida, lo digo en serio. Espero que todos tus sueños y realidades sean un camino lleno de rosas y flores, que te encuentres con bajadas y sepas lidiar con ellas. Es lo que siempre he querido para ti. Sólo que es tiempo de que deje ir esa idea de estar a tu lado cuando lo estés viviendo y concentrarme en mi camino.

 

Hoy debo decir adiós y le digo sí a ser feliz, sin pensar en ti.

 

Hoy ya me voy. Puta madre, al fin me voy.