¿Ya escombraste tu habitación?

Por Sofía Ibarra

Sentada en el piso de mi habitación, me encuentro ante montañas de papeles, peluches que esconden su colorido ser debajo de una ligera capa depolvo, collares enmarañados por todo el buró, ropa sin colgar que a la mera hora decidí no usar esta mañana y que las prisas me obligaron a dejar así.

Éste espaciodemanda a gritos ser escombrado y a regañadientes me dispongo a hacerlo. Comienzo a guardar los accesorios en su lugar asignado, acomodo las lociones y los ornamentos que hay sobre el mueble. Posteriormente me dirijo a los peluches y con un trapo húmedo les quito el polvo, es ahí donde todo comienza. Mi mirada se fija en aquél perrito café, con la nariz desgastada, incluso rota, con los parpados caídos y con el cuerpo más delgado de lo que alguna vez fue en aquellos lejanos años preescolares.

Todos mis amigos felpudos están ahí y no puedo evitar abrazarlos, me sorprendo porque mis brazos ahora son lo suficientemente largos para abrazar a cada uno de ellos y me río ante este descubrimiento. Cuando era pequeña odiaba no ser capaz de mimarlosa todos al mismo tiempo, pues sentía que si dejaba a alguno fuera se sentiría desplazado y lloraría.

Vuelvo a acomodarlos en su lugar y me dirijo al clóset, donde están los vestigios de todos los años escolares por los que he pasado. Me detengo a verificar cuánto ha progresado mi caligrafía, vaya decepción, temo decir que no es muy diferente a la de ahora. Me siento en el piso y repaso los títulos de Alfaguara que leía en la clase de Lectura y me sumerjo en ellos, en las historias que intentaban explicar de una manera fantástica las cosas a las que me enfrentaría en una no muy lejana realidad. Encuentro un cofre de madera en el que había guardado mis Whatsapp antiguos, unos papelitos arrancados de mis cuadernos en los que mantenía conversaciones secretas con mis amigas, siempre sintiendo el temor de que la maestra nos descubriera y nos hiciera leerlos frente a la clase.

En la parte inferior del closetestán todos los juegos de mesa que llenaron mi niñez de entretenimiento y alegría,convirtiendo las tardes en noches y a los amigos en rivales por unas cuantas partidas, hasta puedoescuchar la voz de mi madre consolándome ante una derrota inminente, enseñándome que no siempre se gana y está bien.

Varias horas ya se esfumaron desde que decidí escombrar mi habitación, todo lucía en orden e impecable. Entonces me di cuenta que las caras felices, las rodillas raspadas por una caída de la bicicleta, el primer diez en matemáticas, la travesura tan graciosa que hizo que tus padres se rieran, todo esto son el tipo de tesoros que revives al hacer algo tan sencillo como lo es escombrar tu habitación. Que los recuerdos siempre han estado ahí, tanto física como espiritualmente pero que muchas veces ignoramos por estar entretenidos con lo que dicta nuestra adulta cotidianidad. Así que permíteme preguntarte, ¿Tú ya escombraste tu habitación?