Tan azul como tú

Por Sofía Ibarra

 

Siempre relacioné la gélida sensación de tristeza con el agua que caía incansablemente por mis mejillas. La ansiedad que me abrumó ante el más mínimo inconveniente con la intensidad de un mar tormentoso. La soledad invernal como un día de diciembre pese a estar acompañada. Sobreviví ante días tan celestes como vacíos. Me encontré entre pupitres, clases ruidosas y anotaciones; vi un par de espejos que reflejaban el alma de quien los viera.

Eran mareas atolondradas, anocheceres apacibles, amor quemante como el hielo y mantos de calma en momentos de plena desesperación. Siendo tan suaves como vibrantes, me demostraron que el azul puede ser el color más cálido de todos. Me perdí entre esas cuencas acuosas, delirantes, con constelaciones salpicadas y pestañas oscuras perfectamente alineadas que parecían no tener fin.

Me acogiste en tu tonalidad serena, mantuviste tu mirada fija en mí incluso en los momentos más difíciles y no dejaste de ver el fuego calcinante que brotaba de mis ojos cafés aunque estuviesen a punto de apagarse.

Me enseñaste que si bien puede ser el color de la tristeza,  también puede ser una gema preciada, unos mechones de cabello, la victoria de un equipo que derrapa sobre el hielo o la fuerza de un poderoso tiburón. Todos ellos son azules como éste sentimiento, que es tan azul como tú.