PALOMITAS

Por Gustavo Romero

 

Mi abuelo diría que en este mundo existen dos tipos de personas: las que van al cine y disfrutan la película acompañada de unos nachos con extra queso adornados por una pequeña capa de jalapeños, para tragarlos con una bebida helada de cereza, mora azul o limón. Y también están las personas que prefieren un vaso con 60% de hielos y 40% de refresco para acompañar sus palomitas de mantequilla, queso, chile/limón, caramelo y las nuevas palomitas con sabor galleta Oreo.

-¡¿PALOMITAS DE OREO?!- cuestionó mi abuelo con desagrado. Su rostro se iluminaba frente al televisor y sus gafas grandes de pasta reflejaban Annie Hall de Woody Allen.

Él en su juventud era conocido como “La Palomita” y no porque le gustara ir al cine y bañarse con palomitas de pies a cabeza como una pieza de arte moderno, sino porque con los huesitos que iba juntando de toda su matinée semanal solía dárselo a las aves que se reunían en el parque. Lo admiro por esto pero no por su intolerancia a las palomitas de otros sabores que no sean solo mantequilla. Después de todo, estamos en tiempos de corrección política, así que todo tipo de palomitas merecen cumplir su misión: el ser tomadas por un puño enorme como a una pelota de béisbol y tragarlas de un solo golpe o ir tomando una por una por una. Las de mantequilla y caramelo son mis favoritas, pero de vez en cuando le cambio porque después de mucho me aburre el mismo sabor.

Si fuera Forrest Gump haría una lista enorme de variedad de palomitas: palomitas de camarón, palomitas sabor a sándwich, palomitas de limón, palomitas de piña, palomitas de fresa, palomitas a la bolognesa, palomitas a la mexicana, sushi de palomitas, ramen de palomitas… suena desagradable para muchos, pero la verdad es que es hermosa la diversidad de palomitas, lo desagradable son las personas que le ponen cátsup. Pero más desagradable la palomita que se resiste a ser tragada como Pinocho dentro de la ballena y se aferra con todas sus uñas a la lengua o las comisuras de los dientes para dejar una parte de sí clavada entre la encía y la muela. Pero ellas algún día tendrán su merecido. Viva la diversidad de palomitas y muera el heteromantequillado.