CINE

Por Gustavo Romero

 

Leí de manera fortuita el comentario de una persona donde dijo que la gente que no sabe de cine no debe entrar a ver “El hombre que vio demasiado” de Trisha Ziff porque no la van a entender. ¿Entender qué? ¿Las referencias? ¿El mensaje propio del documental? No sé a qué se refería pero está demás decir que no comparto para nada su punto de vista.

El arte y la cultura, en especial el cine por ser una forma masiva y barata de llegar a millones de personas debe ser asequible para todos. Personalmente cuando entro a ver una película, sea cual sea, voy con la ilusión de encontrar aquella emoción que tuve cuando de niño vi Jurassic Park y después me inspiró a querer contar historias en la pantalla. Para mí no hay momento más mágico cuando las luces se atenúan, la gente guarda silencio y sin darnos cuenta la historia ya nos tiene bien agarrados de los huevos (u ovarios, aquí somos incluyentes) y por dos horas olvidamos nuestros problemas; lloramos, reímos, nos enojamos, nos asustamos, vivimos la experiencia del protagonista, de eso se trata el cine; de vivir, aprender, enseñar, inspirar…

El amor al cine es inclusivo, no discrimina. El amor al cine es encerrarte días en las salas y ver películas, una tras otra. El amor al cine es querer compartir al mundo las películas que amas. Y el cine, como cualquier forma de expresión artística nos sirve para encontrar un terreno común para todos, uno donde podamos voltear a vernos y saber que a pesar de que no conozco a las personas que están sentadas a mi lado, lloran donde yo lloro, ríen donde yo río y son felices donde yo también lo soy y así ya no somos desconocidos, un filme nos presentó. Eso para mí es amar el cine; el compartir.

 

¿Para ti qué es el cine?