Hablemos cetáceo

Por Lorenza Piña

 

Era un miércoles cualquiera en el patio de la Universidad de la Comunicación; más mochilas que personas postradas en las sillas, un tercer grito avisando a algún estudiante que sus chilaquiles ya estaban listos, música de fondo que provenía de tres diferentes computadoras, una guitarra y una melódica, estudiantes estresados riéndose, llorando o ambas mientras comían, fumaban o… ambas.

 

En una de esas mesas, situada debajo del árbol que tiende a dejar caer sus diminutos frutos sobre alguna cabeza con una abismal fuerza, un grupo de ruidosos amigos platicaba tranquilamente sin saber que, después de una excelente e inofensiva pregunta, todo iba a cambiar.

 

“¿Cuál es la mejor película de Pixar?”

 

Podría jurar que, justo en ese momento, no se emitió sonido alguno en la universidad, en la calle de Zacatecas, en la colonia Roma. Todos quedaron perplejos, viéndose directamente a los ojos, tratando de saber quién sería el primero en compartir su humilde opinión ante tan difícil cuestión y lo suficientemente valiente para ser cuestionado hasta el cansancio.

 

Después de lo que pareció una eternidad, alguien tenía que decir algo. Desencorvando su espalda, tronando sus nudillos como si estuviera preparándose para la batalla de su vida, uno de los partícipes exclamó:

 

“Eso no se pregunta, todos sabemos que es Toy Story.”

 

Mientras que el ambiente universitario y de la colonia regresaba poco a poco a la normalidad, el debate apenas comenzaba entre ellos. Algunos asentían, otros abucheaban, uno que otro se reía al no creer el argumento recién expresado. Desde ese momento, ellos sabían que esta discusión no terminaría pronto.

 

Durante cuarenta y cinco minutos, estos fueron algunos comentarios destacados:

 

  • “Estás mal, obviamente es Bichos. La oruga se convirtió en mariposa y todos fueron felices.”

 

  • “Mike y Sully son ÉL dúo dinámico. Por ende, Monsters, Inc. se las lleva a todas de calle.”

 

  • “Y, ¿Los Increíbles? Son superhéroes, punto final.”

 

  • “Mérida de Valiente es mi personaje favorito. Además, es la única mujer protagonista de Disney Pixar.”

 

  • “No se hagan, todos lloraron a los cinco minutos de Up. Yo la he visto diez veces y siempre termino berreando.”

 

  • “Todos alguna vez hemos hablado en cetáceo desde que vimos Buscando a Nemo.” Es necesario aclarar que es la única registrada que lo ha hecho.

 

  • Cars tiene de todo: buena música, amor y a Mate.”

 

  • “Se puede llorar y cantar viendo Coco. Ha sido la única de todas las de Pixar que ha ganado Mejor Película Animada y Mejor Canción.”

 

Realmente, nunca importó cuál era la mejor película; todos ganaron sin darse cuenta. Con cada argumento, el niño que llevan dentro se emocionaba y les hacía recordar la primera vez que vieron alguna de esas película, quiénes los acompañaban y qué tipo de palomitas comían mientras la disfrutaban.

 

Toda la tensión, estrés y problemas se fueron desvaneciendo mientras se reían al darse cuenta que las discusiones eran mucho más fáciles cuando no se tomaban las cosas tan a pecho. Nadie pensaba en el trabajo, la tarea ni en los proyectos; todos estaban más ocupados defendiendo a su personaje favorito, declarándolo como el mejor de todos.

 

A veces, nos olvidamos de disfrutar las cosas como cuando éramos chiquitos; saltábamos de lo más alto sin importar el raspón que nos esperaba, nos atrevíamos a hacer travesuras sabiendo que el regaño iba a valer la pena, nuestra mayor preocupación era saber qué juego se organizaba en el recreo al día siguiente y el mayor éxito era saber cómo amarrarse las agujetas.

 

Que ese niño que llevamos dentro defienda con la mejor espada de madera nuestros ideales, juegue a hacer castillos con nuestros sueños, venza a esos miedos encendiendo la luz, pinte las paredes de la oficina con emoción y buena vibra, esquive cualquier obstáculo con brincos de felicidad. Hablemos cetáceo, convirtámonos en mariposas, emocionémonos por salir en la portada o gritemos con todas nuestras fuerzas que no somos un juguete.

 

Pero nunca dejemos de ser niños.