Reseña de Breakfast at Tiffany’s

Acaricia nuestro oído la bella e inconfundible melodía Moon River de Johnny Mercer dando apertura a la icónica escena de la joven de cabello recogido, gafas de sol, collar de perlas, largos guantes y vestido negros, desayunando un croissant frente a la joyería Tiffany’s. Así empieza la película Breakfast at Tiffany’s, comedia romántica del año 1961 escrita por George Axelrod, holgadamente inspirada en la novela del mismo título del escritor Truman Capote.

Los colores, la música, el vestuario, los peinados y el cuidado que se nota en la creación de cada uno de los personajes hace de esta película una joya. En cuanto a la actuación, Audrey Hepburn representando a Holly Golightly desempeña un magnífico trabajo, haciendo que te encariñes con la traviesa chica de la ciudad y el apuesto George Peppard representando a Paul Valjack enamora a cualquier espectador con su caballerosidad.  

Una chica aparentemente confundida, pero que en el fondo sabe lo que quiere. De sentimientos que parecieran superficiales, pero en realidad tan profundos que es difícil ver lo auténtico que son estos. Graciosa, refinada, curiosa, espontánea y auténtica, así es Holly Golightly.

Holly lleva una vida de fiesta y lujos, enredada en relaciones superficiales con hombres que la buscan por su encanto físico y su radiante personalidad, pero hombres que a ella no le agradan y por esto mismo termina viéndose en la incómoda situación de evadirlos a toda costa. La llegada de un apuesto escritor al mismo edificio donde Holly vive, le da un nuevo sabor a la vida tanto de Holly como del joven. Entre ellos se crea una gran amistad sincera.

Juntos viven divertidas experiencias y así van descubriendo el lazo que hay entre los dos.

 

Texto e ilustración por Fátima Müggenburg