Te prometo nunca regresar: Es la historia de un amor…

No es novedad que en los fértiles terrenos del documental mexicano la fuente de inspiración o aliento más copiosa es la intimidad del cineasta. La exposición de ideas y emociones asociadas a estados de ánimo provocados en un momento específico suele ostentarse como un ejercicio solipsista y en varios casos, simplemente mediocre, una foto familiar o una carta cuyo poder se limita a quien aparece en la foto o a quien la misiva esta dirigida.

En el caso del joven cineasta Pepe Gutiérrez, quien cursa actualmente en el CUEC, existe una sagacidad familiar para evitar el mero desfile de memorias y pasajes personales y convertir su opera prima documental, Te prometo nunca regresar en un logrado ejercicio de evocación y no de exposición, un epistolario audiovisual destinado a un lector anónimo que trata de imaginar los rostros y acciones dentro de una colección de pulcras postales.

El markeriano documental de Gutiérrez es un recuento de lugares, paisajes, pasajes y recuerdos del propio cineasta, en el que aparecen menciones de su padre- a quien no ha logrado extrañar-, ideas y apuntes para proyectos- una película sobre como perder el tiempo- y desde luego, el abandono de una pareja, Lucía –nadie regresa-.

Partiendo de un ánimo fetichista de los viejos materiales de filmación, el trabajo de Gutiérrez remite instantáneamente a los trabajos del lituano Jonas Mekas, que a la postre se convertiría en un enorme referente del cine documental en Estados Unidos y particularmente los del barcelonés José Luis Guerín, en especial su bella Fotos en la Ciudad de Silvia (2007) que al igual que el documental de Gutiérrez explora serpentinamente lugares que evocan la relación con una enigmática mujer.

Teniendo la  nostalgia como un elemento tan o más vital que la cámara y el material fotográfico, Gutiérrez estructura sobre fechas y “variaciones” el documental, permitiendo que el registro de los lugares, los objetos y el ambiente escriban la historia que no cuenta con un narrador, pero que nos contamos nosotros mismos al leer lo que dice.

“Es la historia de un amor…” anuncia la dulce voz de Eydie Gormé al inicio del documental, pero ¿cuál amor? Hay pocas personas a cuadro, y cuando aparecen y se percatan de su registro, inmediatamente abandonan el cuadro, como si lo único fiable de un testimonio fuera el silencio de un lugar vacío, o mas bien, abandonado, un lugar en el que, en palabras del cineasta, no existe el tiempo ni la soledad.

 

Te Prometo Nunca Regresar / Promise You To Never Come Back

 

Texto por JJ Negrete