Mi país

México, mi hermoso país, hogar del "un peso pa' un taco" y del "estamos a un minuto de aterrizar, a menos, como a cinco". Lugar de contrastes y de múltiples realidades donde el jodido está muy jodido e irónicamente trabaja para uno de los más ricos del mundo (quien tampoco es malo).

Sede de marchas infernales y exposiciones monumentales, cuna de diseñadores que orgullosamente son trending topic en el mundo.

El día a día nos pasa por un sin fin de realidades alternas en una sola ciudad, el simple trayecto para el trabajo o las actividades comunes nos empapan de un extraño folklore que inconscientemente nos identifica y nos define a los habitantes de la Ciudad de México, como "Chilangos". Aunque en teoría esté mal ocupado el término, este gentilicio es nuestro; podrán cambiarle el nombre a la ciudad pero siempre seremos orgullosamente Chilangos y ahí de aquel que ose insultarnos o burlarse, por que aquí las quesadillas llevan todo menos queso le pese a quien le pese.

Pachucos, cholos, chundos, fresas, ricos, pobres, hipsters, otakus, millenials, chavo rucos, paps y cientos de categorías más dividen a nuestra sociedad, las cuales luchan por sobresalir en esta jungla de asfalto donde la denigración hacia la tribu diferente a la que perteneces es orden principal del día, donde al salir de la casa se comienza la crítica hacia la persona que viste diferente, hacia la persona que si tiene el valor para usar lo que le place de la forma en la que quiera, sin pensar en la censura o las críticas que recibirá.

Mi país; Lugar en donde lo debe de hacer otro en lugar mío, lugar en donde siempre se cuestiona el por qué deber hacer las cosas, lugar donde todos son discapacitados y embarazadas al llegar a un estacionamiento, lugar en donde es más rápido morir que recibir atención médica, lugar en donde los semáforos en amarillo significan acelera, lugar en donde si no jodes no prosperas.

En este mismo lugar una tragedia debió pasar para hacer que la gente recapacitara, para que fuera posible olvidarnos de etiquetas y actuar como hermanos; tras el impacto del sismo #19S la ciudad recibió un llamado de atención, una alerta para estar preparados, unidos.

Y justo este evento me detona el comprender por primera vez el significado de nuestros lábaros patrios, de nuestro nombr y al fin tomo sentido el: un soldado en cada hijo te dio pues desde su trinchera cada ciudadano apoyo o intentó apoyar para poder superar esta tragedia. Irónicamente, después de que retiemble en sus centros la tierra el Estados Unidos Mexicanos ahora sí sonó lógico, pero solo después de haber necesitado de esa unión. No por gusto.

¿Por qué no ser así siempre? ¿Por qué no olvidar el efecto "cubeta de cangrejos" y poder crecer unidos?

Y eso nos debe llevar a pensar, ¿cuánto tiempo nos va a durar el "gusto"? ¿Cuándo "se nos acaba el 20"? De, ante la tragedia, ser una sociedad "feliz", que convive en armonía, que se une y lucha por un objetivo. En mi opinión esa es la sociedad que debemos contruir, una sociedad que demostró que unida jamás será vencida, que tuvo más fuerza que el gobierno, que no dejó solos a los suyos y por el contrario se solidarizó en todos los niveles.

Aunque como todo, tiene sus claroscuros y es que también se dejaron ver las peores partes de algunas personas que sin importar la situación cometieron actos de rapiña o desviaron recursos. Pero podemos estar seguros y orgullosos de decir que fue la minoría.

Entonces suponiendo que logremos que este efecto post-sismo se convierta en un valor, en un eje que rija a nuestra sociedad, podemos aseverar que el cambio que tanto esperamos en nuestro país se puede lograr.

Ha llegado la hora de construir, y despertar.

 

Texto por Carlos Krlishus Cardoso

Fotografía por Frida Díaz Pavón