Escuchar

                      –  ¡Hija, ya se nos hizo bastante tarde! ¡Vas desayunando en el camino! 


         –  ¡Papá! Mi mamá me pidió que te dijera algo. 


         –  Ahora no Aurora, debemos correr si queremos llegar a tiempo a tu escuela y yo tengo una junta en el trabajo,  no puedo llegar tarde. No olvides nada y trae tu lonchera. 


         –  Pero… papá… 


         –  ¡Aurora! ¡Ya! 


         –  Está bien, lo siento. 


         –  Ay m’ijo, no te enojes con la niña, ella solo quiere decirte algo. 


         –   No estoy enojado abuela, pero ya es muy tarde. Nos vemos en la noche para cenar. 
Traeré el Pan de Muerto y las otras cosas que nos faltan de la ofrenda. 


         –   Abuelita, mi mamá me dijo… 


         –  ¡Aurora, vámonos ya! 


         –  Bueno… te quiero, abuelita. 


         –  Si mi vida, y yo a ti también te quiero, preciosa. Yo te recojo al rato de la escuela. 
Ve con Dios. 


 

 

 

         –  Buenos días, Señor Rafa. Buen día, Aurorita. 


         –  Buen día, Miss Ángeles. 


         –  Buenos días, Directora Ángeles, espero no se nos haya hecho muy tarde. 


         –  No se preocupe señor, aunque ya empezaron los chicos sus clases, entiendo sus 
situación. Nosotros nos encargamos de cuidar a su hija, no se preocupe más y vaya 
con Dios. 


         –  Gracias, Director. Te veo en la noche, amor. Cuidate y hazle caso a tus maestros. 
Bye!

         –  Con cuidado señor, vamos a clases Aurorita. 


         –  ¡Adiós papá! 


 

 

 

         –  ¡Jiménez! Qué bueno que llegó, estábamos a punto de comenzar sin usted. Ahora la junta con la otra compañía será más fácil y saldrán convencidos de este trato. 


         –  Sí señor, lo lamento, pero no se preocupe. Jefe…con respecto a hoy, ¿recuerda que le pregunté si me permitía irme antes? Usted sabe que es una fecha importante para mi. 


         –  ¿Día de muertos? 


         –  Si… Bueno, no solo es eso. 


         –  Lo siento Jiménez, pero igual hoy es un día importante para nosotros. Este trato es 
crucial para la compañía y debemos llegar a un acuerdo hoy mismo. Lo siento, pero 
hasta que no acabemos aquí, nadie se va. 


         –  De acuerdo… Jefe. 


 

 

 

         –  ¡Abuelita! 


         –  M’ija, ¿cómo estuvieron tus clases? 


         –  Muy bien abuelita, hoy vimos una película de los animales más grandes de África! El que más me gusto fue el elefante. 


         –  Ah si, es grande y fuerte. 


         –  Si, se me hizo bonito 


         –  Pues vamos m’ijita, hay que llegar a preparar la comida para hoy. Seguro que tu 
padre llegará con mucha hambre. ¿Quieres una nieve? 


         –  Si, gracias. ¡Vamos abuelita! 


 

 

 

 

         –  Bueno…¿m’ijo? ¿ya vienes en camino? 


         –  Lo siento abuela, la junta y las negociaciones llevaron casi todo el día. Ya en un rato 
más voy para allá. Que no se desvele Aurora. 


         –  Por favor date prisa, hijo, desde en la mañana tiene algo que decirte y no le has 
puesto atención. 


         –  Lo siento, abuela, pero esto era importante. Prometo no llegar tan tarde y pasar por 
el pan. 


         –  De acuerdo, m’ijo, con cuidado. 


 

 

 

 

         –  Abuelita ¿Qué dijo mi papá? ¿Ya viene? 


         –  No te apures, m’ijita, no tarda tu padre. Ya hablé con él. 


         –  Mi madre me dijo que no la escucha y quiere decirle algo. 


         –  Ay m’ija, vente, vamos a poner la mesa y a ver la novela. 


         –  ¡Ya llegué, abuela! ¿Y la niña? 


         –  Ya se quedó dormida, hoy me ayudó bastante en la casa y en la cocina. ¡Ay m’ijo! 
Ese trabajo te tiene muy ocupado, no quiero que descuides a la niña. 


         –  Sí abuela, lo sé, pero debo hacerlo. Aquí está el Pan de Muerto y lo que nos faltaba. 
Cenemos para ya irnos a descansar. 


         –  M’ijo, tu hija tiene un mensaje para ti, escúchala por favor. 


         –  Mañana lo haré, abuela. Vente, cenemos. 


 

 

 

 

         –  ¡Otra vez se nos hizo tarde! ¡Aurora, date prisa! ¡Abuela, ayuda a la niña a que esté lista! ¡Maldición! 


         –  Tranquilo hijo y por favor no maldigas. 


         –  ¡Vamos hija, que se nos hace tarde! 


         –  ¡Papá, tengo algo que decirte! Mi mamá… 


         –  Ahorita no, hija, debemos irnos! 


         –  ¡Rafael! ¡Hazle caso a tu hija, por Dios! 


         –  Se nos hace tarde, no hay tiempo. 


         –  ¡Escúchala! No saldrás de aquí hasta que la escuches. 


         –  ¿Papá…? 


         –  Haber hija… dime qué pasa. 


         –  Es mi mamá, ella quería que te dijera algo. 


         –  Mi amor…tu mami esta en el cielo. 


         –  Lo sé, pero ella quiere decirte algo. Me dice que tú no la escuchas, no quieres 
escucharla. 


         –  ¿Pero de qué hablas, Aurora? 


         –  Dice que vino en las noches y no la escuchabas. Me pido que te dijera que te amaba, que seas feliz, que seamos una familia… 


         –  ¿Aurora…? 


         –  Me pidió que te dijera y que escucharás…”No es tu culpa, nadie tiene la culpa”. 


         –  ¿Pero?… ¿cuándo?… ¿cómo te dijo esto? 


         –  En la noche, en mi cama, vino a vernos. Mi abuelita dice que también la escucho. 


         –  ¿Abuela? 


         –  M’ijo, tanta culpa no te deja ser libre. Mi hija estaba enferma y no había más que 
pudiéramos hacer, más que ser una familia. Adriana lo sabía y vivió feliz hasta su último día porque nos tenía a nosotros y a Aurorita, no te martirices con una responsabilidad que no es tuya. 


         –  No puedo olvidarla, no quería que nos dejará, teníamos que estar juntos todos. 


         –  Y lo estamos, m’ijo. Mi hija en el cielo y nosotros aquí. Eso no quiere decir que 
hayamos dejado ser una familia. Olvida esa carga, Adriana no te pide que la olvides, 
sino que vivas por ella y que escuches a tu familia. 


         –  Lo siento, hija. Perdóname por escucharte antes y a ti, abuela… y a ti… Adriana.

 

 

 
La vida, familia y amigos, siempre tienen algo importante que decirnos… Escuchemos

 

 

Texto por Daniel Alejandro Muñoz Anaya

Fotografía por Frida Díaz Pavón