La atmósfera de un parque

Todo inicia con la necesidad de dar un paseo, salir de algún encierro para disfrutar de un viaje a través de un mar de locos. Locos somos los que paseamos, locos somos los que observamos y no dejamos que nada se nos escape, locos somos los que descubrimos a través de un parque. Vemos a través de sus flores, sus árboles y hojas de colores, vemos caras desconocidas e intentamos entenderlos sin acercarnos, convivimos con el aire y nos hacemos amigos de bancas solitarias.

Hoy he decidido salir a pasear y relatar historias de parque. Hay que tener libreta y pluma en mano, audífonos y un buen playlist. Ahora solo hay que abrir bien los ojos para descubrir secretos. Lo más importante es escribir todo lo que ves, así como todo lo que piensas.

Llego a la Plaza Rio de Janeiro, camino desde la estación Durango y atravieso la calle que lleva el mismo nombre. Faltan veinte minutos para las tres de la tarde y el sol pega tan fuerte como el foco que se le pone a los pollitos en la incubadora. Al llegar al parque observo lo que me rodea; distintos estilos arquitectónicos rodean el parque, el estilo Art déco predomina (es obvio por ser la colonia Roma). Los árboles son viejos y  altos, algunos con hojas amarillentas. En el centro, una réplica de una escultura de Miguel Ángel; El David -me parece bastante curioso que algo así adorne las calles de una colonia mexicana-.

La escultura esta rodeada de una serie de chorros que avientan agua por los cielos. Pienso que tal vez debería meterme, el calor es inhumano. El sol le pega justo de un costado, ilumina perfectamente el contorno de sus muslos y glúteos (el del David, por su puesto).

Me quito los audífonos para escuchar los sonidos del parque. Escucho como el agua cae sobre la piedra, tiene un tono muy fuerte en mi oído, debe ser porque estoy sentada justo frente a ella. De repente otro sonido entra, son las ruedas de la silla de un viejito, que cruzan a través del suelo rocoso. No escucho el cantar de ningún pájaro (esto me parece muy extraño, en los parques siempre cantan los pájaros).

Hay gente sentada a mi alrededor: algunos comen, otros leen, pero la mayoría solo observa. Pareciera que algunos estuvieran esperando algo o a alguien. Ahora me pregunto como me verán ellos a mi. ¿Creerán que estoy esperando a alguien? ¿Sabrán que estoy escribiendo sobre ellos?

Todo lo veo con un filtro sepia, debe ser porque llevo un rato viendo un papel blanco bajo el sol. Aunque distorsiona un poco mi vista, debo admitir que los colores quedan bastante bien con el ambiente y con la película que vengo creando en mi cabeza.

Por ahora del parque no percibo ningún aroma u olor, o quizá se deba a que ya me acostumbré al que tiene.

Justo ahora veo llegar a la señora de los tamales. Me llega el primer aroma, estoy casi segura que son oaxaqueños, me los imagino envueltos en una hoja de plátano. Seguro están deliciosos.

Cambiaré de atmosfera

Sigo mi camino por la colonia y llego a la Plaza Luis Cabrera. Aquí todo es diferente. Hay poca gente sentada, la mayoría camina y observa. Me doy cuenta que debe ser por la exposición de fotos que hay alrededor del corazón del parque.

La fuente no esta prendida hoy (de hecho casi nunca lo está), aún así sobresale su gran tamaño y fondo azul claro.

Los árboles son mucho más bajos que en la Plaza Rio de Janeiro, pero igual de viejos. El tono de las hojas es mucho más claro.

Al quitarme los audífonos esta vez, noto que en todos los restaurantes de alrededor se escucha música de distintos géneros, estos se mezclan con el sonido del tráfico. Es como si cerrara los ojos y me imaginara un ambiente totalmente urbano. El aire aquí sopla mucho más fuerte.

Veo niños en triciclos, extranjeras comiendo helado (lo supongo, porque que son güeras y extremadamente blancas) también veo parejas caminando de la mano y perros marcando su territorio. Me pregunto: ¿Caminar de la mano con tu pareja será lo mismo que para los perros marcar su territorio?

El filtro de este parque ya no es sepia, es alguno mucho más anaranjado. Ahora noto que aquí si se escucha el cantar de los pájaros.

No percibo ningún olor ni aroma, o tal vez ya me volví a acostumbrar.

Sentada en una banca de este parque reflexiono: Un parque define la esencia de su colonia, muestra su gente así como sus turistas, desnuda su estética y nos muestra diferentes vistas. Es aquí donde se puede sentir una atmósfera a través de colores. Todo se junta en el corazón de un paseo; el parque.

 

Después de haber paseado por estas calles, percibo que la colonia Roma esta viva en colores, irradia juventud, tradición y a la vez modernidad, pero sobretodo naturaleza. Es auténtica por sus esquinas románticas, sus paredes con bellas y feas ilustraciones. Tiene parques llenos de emociones. Es perfecta para salir a pasear y disfrutar de un viaje a través de un mar de locos.

 

Abre más los ojos. Juega con lo que observas e interactúa con tus propias emociones. Sé uno más de esos locos.

 

Cristina Franky Meza 

Foto: Denisse Umaña